martes, 18 de agosto de 2009

Para entender

Para entender

Para entender el valor de una hermana,
pregúntale a alguien que no tiene una.

Para entender el valor de 10 años,
pregúntale a una pareja recién divorciada.

Para entender el valor de 4 años,
pregúntale a un recién graduado.

Para entender el valor de 1 año,
pregúntale a un estudiante que fracasó en su examen final.

Para entender el valor de 9 meses,
pregúntale a una madre
que acaba de dar a luz un neonato.

Para entender el valor de 1 mes,
pregúntale a una madre
que acaba de dar a luz un bebé prematuro.

Para entender el valor de 1 semana,
pregúntale a un editor de un periódico semanal.

Para entender el valor de 1 minuto,
pregúntale a alguien que ha perdido el tren,
el autobus o un avión.

Para entender el valor de 1 segundo,
pregúntale a alguien
que haya sobrevivido un accidente.

El tiempo no espera por nadie.

Atesora cada momento que tienes,
lo apreciarías más si lo compartes con ese ser especial.

Porque...
para entender el valor de un amigo o un ser querido,
basta con PERDERLO.

Autor Anónimo.

DIBUJOS

DIBUJOS

El humo es una serpiente blanca
que enlaza besos con cenizas,
que prende recuerdos en armarios.

El humo sugiere cadencias adormecidas,
insinúa silencios entre sábanas sabias,
desliza caras,
cuerpos desnudos,
pieles enfermas de amor.

El humo se desvanece entre trazos volátiles,
deviene aire transparente, fluidez constante.

Con el aire desaparecen los recuerdos,
serpientes que deslizan las cenizas del deseo.

Teresa Domingo Català

viernes, 14 de agosto de 2009

Cuando Dios creó a la mujer...

Cuando Dios creó a la mujer...

“Cuando hice los cielos y la tierra, con mis palabras los formé.
Cuando hice al hombre, lo formé y respiré en él, aliento de vida.
Pero, tú mujer, te formé después de respirar el aliento de vida en el hombre”
¿La razón? – Las ventanitas de tu nariz eran muy delicadas.
Le hice caer al hombre en un profundo sueño para formarte perfectamente
y con paciencia. Para que él no interfiriera con mi creatividad.
Mujer, de un hueso te formé.
Escogí el hueso que protege la vida del hombre,
la costilla, que protege su corazón y sus pulmones.
También la costilla sirve de apoyo y soporte a su cuerpo,
eso es lo que yo quiero que hagas por él.
Alrededor de este singular hueso, te formé. Te hice perfecta y hermosa.
Tus características son como la costilla, fuerte, pero delicada y frágil.
Tú provees protección para el órgano más delicado del hombre, su corazón.
Quiero que apoyes al hombre así como sus costillas sostienen su cuerpo.
Mujer, no fuiste tomada de los pies del hombre, para estar debajo de él,
ni tampoco te formé de su cabeza para que estés encima.
Te formé de su costado, para estar a su lado
y que él te pueda tener muy cerca de su corazón.
Eres mi ángel perfecto, mi hermosa niña.
Has crecido para ser una mujer espléndida, de gran excelencia y
mis ojos se llenan de asombro cuando veo las virtudes que hay en tu corazón.
Tus labios, son hermosos cuando abres para hablar conmigo.
Tu nariz, formada a la perfección. Tus manos, suaves al tocarlas.
He acariciado tu rostro durante tus sueños más profundos.
He tenido tu corazón muy cercano del mío.
De todo lo que vive y respira, tú eres la que más se asemeja a mi.
Adán caminaba conmigo en la frescura del día, pero se sentía solo.
No me pedía ver, ni tocar. Sólo me pedía sentir.
Así que todo lo que yo quería que Adán compartiera y experimentara conmigo,
lo formé en ti; mi santidad, fuerza, pureza, amor, protección y apoyo.
Mujer, eres especial, porque eres una extensión de mi.
El varón representa mi imagen; tú, mis emociones.
Juntos, los dos representan la totalidad de Dios.
Por esa razón, hombre, cuida bien a la mujer,
ámala, respétala, porque ella es un vaso frágil.
Si la hieres, me hieres a mí. Lo que le haces a ella, me lo haces a mi,
Al dañarla, solo consigues dañar a tu propio corazón,
al corazón de tu Padre y al de su Padre.
Mujer, apoya al hombre,
en humildad, demuéstrale el poder de las emociones que te he dado,
en quietud, demuestra tu fuerza,
en amor, muéstrale que eres la costilla que protege su ser interior.

Felipe Hutsell

lunes, 10 de agosto de 2009

A Ti

A Ti


Y tu sin notar que mis ojos gritan,

Sin saber si quiera que mis manos hablan,

Que todo mi cuerpo dice que te ama,

Que el verte me brinda tempestad y calma.

Y tu que no sabes

Que mis mariposas, revueltas, ansiosas,

Escapan sin luz,

Buscando refugio en otra morada

Que nos son tu pecho, tu cuerpo, tu cama

Y yo que me pierdo con esta pasión

Y tu que te alejas

Sin notar si quiera

Que mis ojos gritan, que mis manos hablan,

Que todo mi cuerpo dice que te ama...

Norma Martínez

Al Pèrderte Yo A Ti.

Al Pèrderte Yo A Ti.

Al Pèrderte Yo A Ti, Tu y Yo Hemos Perdido.
YO Por que eras lo que yo mas amaba
Y tú porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros tu pierdes más que yo,
Porque yo podré amar A otras como te amaba a ti,
Pero A TI nunca te amarán como te amaba Yo.


Ernesto Cardenal

domingo, 2 de agosto de 2009

El valor del anillo

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerza para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:- Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez, y después, tal vez te pueda ayudar.

- Encantado- titubeó el muchacho - pero sintió otra vez que era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

- Bien - asintió el maestro - Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó:- Toma el caballo que esta allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debes vender este anillo, y es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido posible.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, unos se reían, otros daban vuelta la cara y un viejito le explicó que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio el anillo. Después de ofrecer la joya a más de cien personas y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Entró en la habitación y dijo:

- Maestro lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

- Qué importante lo que dijiste, joven amigo! - Contestó sonriente el maestro. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo, y pregúntale cuánto te da por él; pero no importa cuanto te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con el anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo, lo miró con la lupa, lo pesó y luego le dijo:- Dile al maestro que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro.

- ¿58 monedas? - exclamó el joven.

- Sí - replicó el joyero- sé que con el tiempo podríamos obtener hasta 70, pero si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

- Siéntate - dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única, y como tal sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

A veces evaluamos a la ligera tanto a las personas como a las cosas, a veces lo hacemos sin conocimiento de causa, creyendo conocer todo. A veces esperamos un regalo envuelto de una manera especial y al no recibirlo de esa forma lo rechazamos mirando sólo el envoltorio y no vemos el valor del contenido. A veces, sólo a veces, respondemos con habilidad.

Debemos tener...

La suficiente alegría para ser siempre amables.

Los suficientes problemas para ser fuertes.

Las suficientes penas para ser humanos.

La suficiente esperanza para ser felices.

Los suficientes fracasos para ser humildes.

El suficiente éxito para ser entusiastas.

Los suficientes amigos para confortarlos.

El suficiente dinero para cubrir nuestras necesidades.

El suficiente entusiasmo para seguir adelante.

La suficiente fe para vencer la depresión.

La suficiente determinación para hacer que cada día sea mejor que el anterior.