viernes, 23 de julio de 2010

Las mujeres

Las mujeres










Las mujeres tienen fuerzas que asombran a los hombres.

Ellas cargan niños, penas, y cosas pesadas;

sin embargo, tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.

Ellas sonríen cuando quieren gritar.

Cantan cuando quieren llorar.

Lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas.



Las mujeres esperan una llamada por teléfono avisando que llegó a casa sano y salvo

un amigo o pariente que salió en tiempo de tormenta.

Las mujeres tienen cualidades especiales.

Se ofrecen para las causas buenas.

Ellas son voluntarias en hospitales, llevan comida a los necesitados.

Ellas trabajan como niñeras, ejecutivas, abogadas, amas de casa,

y solucionan disputas entre niños y también entre sus vecinos.

Usan trajes, vaqueros y uniformes.

Luchan por lo que ellas creen.

Se enfrentan ante la injusticia.

Ellas votan por quien creen que hará lo que más beneficie a las familias.



Las mujeres hablan y recorren largos caminos para conseguir

la mejor escuela para sus niños y la mejor atención para la salud de su familia.

Ellas escriben a los editores, diputados y al "poder que sea"

para lograr beneficios que hagan la vida mejor.

Ellas no aceptan un "no" por respuesta cuando están convencidas que hay alguna solución.

Las mujeres logran que sus niños puedan tener zapatos nuevos.

Acompañan a algún amigo preocupado al doctor.

Ellas aman incondicionalmente.



Las mujeres son honradas, fieles, y saben perdonar.

Son inteligentes y conocen su poder; sin embargo,

saben usar su lado más suave cuando quieren conseguir algo.

Las mujeres quieren lo mejor para su familia, sus amigos, y ellas mismas.

Lloran cuando sus niños sobresalen

y se alegran cuando sus amigos obtienen premios.

Las mujeres se alegran (o lloran) cuando se enteran de un nacimiento o un nuevo matrimonio.

Sus corazones se rompen cuando fallece algún amigo.

Sufren ante la pérdida de un familiar, pero todavía

sacan fuerzas cuando el resto ya no la tiene.

El toque de una mujer puede curar alguna dolencia.

Saben que un abrazo y un beso pueden sanar un corazón roto.



Una mujer puede lograr que una tarde sea romántica, inolvidable.

Las mujeres vienen en todos los tamaños, colores y formas.

Viven en casas, apartamentos y cabañas.

Ellas manejan, vuelan, caminan, corren o usan el e-mail para demostrarte cuánto se preocupan por vos.

El corazón de una mujer es lo que hace girar al mundo!

Las mujeres hacen más que solo dar la vida.

Ellas traen alegría y esperanza.

Comparten ideales y reparten compasión.

Dan apoyo moral a su familia y amigos.

Todo lo que ellas quieren es un abrazo,

una sonrisa para que vos puedas hacer lo mismo con otras personas.



Las mujeres tienen mucho que decir y mucho para dar.

La belleza de una mujer no está en la ropa que lleve,

la figura que tenga, o la manera en que se peine.

La belleza de una mujer debe verse en sus ojos,

porque esa es la puerta a su corazón,

el lugar donde el amor reside.

La belleza de una mujer no está en un lunar facial,

la verdadera belleza de una mujer se refleja en su alma.

Es el cuidado que ella amorosamente da,

la pasión que ella muestra.

La belleza de una mujer con el pasar de los años crece!

jueves, 22 de julio de 2010

Los niños aprenden lo que viven

Si los niños viven con crítica


Aprenden a condenar.



Si los niños viven con hostilidad

Aprenden a vivir luchando.



Si los niños viven el ridículo

Aprenden a ser tímidos.



Si los niños viven con vergüenza

Aprenden a sentirse culpables.



Si los niños viven con tolerancia

Aprenden a ser pacientes.



Si los niños viven con estímulo

Aprenden a confiar.



Si los niños viven con alabanza

Aprenden a apreciar.



Si los niños viven con honradez

Aprenden la justicia.



Si los niños viven con seguridad

Aprenden a tener fe.



Si los niños viven con aprobación

Aprenden autoestima.



Si los niños viven con aceptación y amistad

Aprenden a hallar amor en el mundo.

domingo, 4 de julio de 2010

Esas son las madres

La mejor obra de Dios... tú

Cuántas veces viene a mi recuerdo

Que no permitiste jamás que la soledad fuera mi compañera.

Cuántas veces preferiste no dormir

hasta saber que estaba sano o fuera de peligro.

Cuántas veces sacrificaste tu tiempo, tu figura, tus gustos

Para derivarlos en mí.



Cuántas veces tu mirada refulgía de orgullo y de amor

Cuando de mí te referías.

Cuántas veces preferiste mil veces ser señalada por mi causa,

y me tuviste.

Cuántos años se hacen, sumando todos los momentos

Que no viviste más que para mí

Cuántas veces de una mansa paloma

Te convertiste en una loba,

defendiendo a tus cachorros aún a costa de tu vida.



Cuántas veces tuviste que afrentar

la indiferencia de tu compañero hacia ti,

Refugiándote en lo que tú sí creías completamente tuyo.

Cuántas veces esto y cuántas veces aquello

Los números nunca se han usado para contar

Los actos de servicio que has regalado a los tuyos.



¡Oh cuánto abandono, olvido e ingratitud,

Perdonas por una simple llamada, por una sonrisa, por una visita.

Las preocupaciones nunca se han acabado,

antes por los intentos de pasitos,

ahora para que no anden en malos pasos o en penas de amores.

Si embargo es una vida que bendicen,

Que no cambiarían por nada,

Y que todavía tienen fuerzas para revitalizarse en los nietos.



Han pasado muchos años y aún cuando hoy miran,

tienen fresca en su memoria cuando una manito se aferraba,

dando los primeros pasos y necesitando apoyo.

Cuántas veces ante la culpa manifiesta

Tu voz reflejaba amor y perdón.

Y ante los arrebatos esperanza, pero jamás condena, ni abandono.



Hoy y todos los días deposito un beso en tu frente,

en nombre de ese hijo que ya no está a tu lado.

Hoy y todos los días te doy un abrazo,

En nombre del hijo que tienes en otro país...



Hoy y todos los días comparto tus lágrimas por ese hijo,

que te fue arrebatado, secuestrado o robado y que jamás has sabido de él.

Hoy y todos los días bendigo, el gran privilegio

de haber venido de una simple mujer,

que se transformó en algo casi divino al ser madre,

y al haber también creado la luz.



Hoy y todos los días confieso mi asombro ante el milagro de la maternidad,

donde la mujer sacrifica salud, figura y su tranquilidad actual por ser llamada mamá!

Hoy y todos los días les digo, en nombre de los que aún balbucean un incompleto mamá.

En nombre de los que ya pueden decirlo fuerte para pedir atención,

pero no están conscientes.

En nombre del que está muy enfermo o en su lecho de muerte.



Hoy en nombre de todos te digo:

¡ te quiero mamá !

Madre

Tu mirada de amor


descubre lo que otros no quieren ver.

Tu nobleza

te hace apreciar lo que los demás desprecian.

Tu amor desinteresado

te hace defender a los pequeños

que otros atacan o menosprecian.

Tu presencia

despierta confianza, amor a la vida

y esperanza en un futuro mejor.

Sólo el amor de una madre

Quiero agradecerte


que estés en mi vida.

Sé que puedo contar contigo

en momentos difíciles,

sé que contigo puedo

compartir mis alegrías,

y sé que nuestra amistad

se sustenta en mutuo amor.



Que seas mi MAMA y mi AMIGA

es el más preciado tesoro,

que agradeceré a DIOS eternamente.



Gracias por llenar mi vida

con tanta felicidad.



Te Amo Mamá!

Sólo el amor de una madre

Sólo el amor de una Madre apoyará,


cuando todo el mundo deja de hacerlo.



Sólo el amor de una Madre confiará,

cuando nadie otro cree.



Sólo el amor de una Madre perdonará,

cuando ninguno otro entenderá.



Sólo el amor de una Madre honrará,

no importa en qué pruebas haz estado.



Sólo el amor de una Madre resistirá,

por cualquier tiempo de prueba.



No hay ningún otro amor terrenal,

más grande que el de una Madre.

miércoles, 23 de junio de 2010

hijos, ¿propiedad o misión?

hijos, ¿propiedad o misión?
Por Fernando Pascual - fpa@arcol.org



Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... “tenemos cuatro hijos”.



Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela...



Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.



Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro... La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.



Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas...



Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...



Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...



La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...



San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...



Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.



Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial..


  • septiembre 2009

  • agosto 2009

  • julio 2009

  • junio 2009

  • mayo 2009

  • abril 2009

  • marzo 2009

  • febrero 2009

  • enero 2009

  • diciembre 2008

  • noviembre 2008

  • octubre 2008

  • septiembre 2008

  • agosto 2008

  • julio 2008

  • junio 2008
  •